ENTREVISTA MÁXIMO HUERTA

Máximo Huerta

“En una librería ves lo diferentes y lo parecidos que somos todos, y que un libro te une” Fiera del libro de LanzaroteMáximo HuertaMamá está dormida Domingo 10 de mayoParque José Ramírez…

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“En una librería ves lo diferentes y lo parecidos que somos todos, y que un libro te une”

Fiera del libro de Lanzarote
Máximo Huerta
Mamá está dormida

Domingo 10 de mayo
Parque José Ramírez Cerdá
Entrada libre y gratuita


Sobre el cabecero de su cama, Máximo Huerta tiene una fotografía muy especial. Un detalle ampliado a “tamaño gigante”: unas rocas junto al mar. La hizo él mismo, en uno de los muchos viajes que ha realizado a Lanzarote por placer. “Me encanta el paisaje de la isla y el océano Atlántico”, confiesa. Ahora, regresa para participar en la Fiera del Libro, donde presentará su última novela, Mamá está dormida. “Esta gira pasa por todas las capitales importantes y Lanzarote es una de ellas. Desde lo emocional y desde el cariño, para mí es una de las grandes de la ruta”, afirma.

Será el próximo domingo 10 de mayo cuando estará por primera vez firmando libros en la isla, pero su primera visita fue hace ya más de 20 años. “Recuerdo que fue Mario Picazo quien me invitó a conocer Lanzarote. Me dijo: No te pierdas esto que es una pasada, te va a encantar”. No se equivocaba.

Desde aquel primer viaje, la vida de Máximo Huerta ha dado un giro radical. Entonces trabajaba a diario en Telecinco junto a Ana Rosa Quintana y aún era conocido en toda España como Màxim, que fue el nombre con el que lo presentaron cuando empezó a trabajar en la televisión valenciana. Hoy, reivindica que en realidad siempre ha sido Máximo. “Desde que nací en 1971”, precisa.

En 2015 dejó los platós para centrarse en su carrera como escritor, pero en 2018 llegó otro cambio en la trama: se convirtió en ministro de Cultura del primer Gobierno de Pedro Sánchez, aunque solo duró siete días en el cargo. Hoy reconoce que fue un momento difícil, por las circunstancias que le llevaron a presentar su dimisión, pero el tiempo ha curado las heridas: “En ese momento creo que hice lo correcto, tanto eligiendo entrar como yéndome”.

Desde entonces ha vuelto esporádicamente a la televisión, la última vez de nuevo con Ana Rosa, y su marcha el pasado mes de enero hizo correr ríos de tinta. “Hoy se escribe mucho sin preguntar”, lamenta. Su explicación es sencilla: “El programa se acortó y además yo tenía la promoción del libro”. De hecho, no descarta regresar en algún momento a su antiguo oficio: “Al final forma parte de la misma herramienta: la palabra”.

No obstante, junto a su profesión de escritor, hoy está volcado en otra. Es parte de su nueva vida. Hace cuatro años regresó a su pueblo natal, Utiel, para acompañar a su madre en el difícil camino del alzhéimer, y allí cumplió un sueño: abrir su propia librería. El nombre, Doña Leo, viene de su perra. “Me divierte, me acompaña, me escucha, me hace de psicóloga, de editora, de todo. Es el mejor Orfidal”. Leo es la que cuida al cuidador, porque hoy Máximo también es eso. De hecho, de ahí surge su última novela.

Un día, uno de esos en los que la enfermedad nubla los recuerdos, su madre le preguntó: “Y tu hermano, ¿dónde está?” Máximo Huerta, que además de escritor es hijo único, vio en esa pregunta el inicio de una historia. De la que presentará en Arrecife. De la que pone en valor a las mujeres de una generación y también a las personas cuidadoras.

Isabel Lusarreta


Mamá está dormida parte de una pregunta imposible que le hizo su madre. ¿Fue el origen, o solo la excusa para escribir sobre algo de lo que necesitaba hablar?
Esa frase a mí me llena de dudas, de inquietud y de dolor, y a partir de ese momento lo que haces es sobrellevar la situación como puedes, intentando corregir la vida, pero la vida no se corrige, es imposible cambiarla, sobre todo con una enfermedad. Entonces me di cuenta de que era un buen arranque para una novela. Era una premisa y empecé a darle vueltas, a construir toda la trama y a escribir, hasta que vi hacia dónde la quería llevar y qué final debía tener esta novela.

Fotografías: Javier Ocaña
Fotografías: Javier Ocaña

Ha dicho en varias ocasiones que no es partidario de corregir a las personas con alzhéimer…
Lo que pasa es que todos lo hacemos, porque las queremos. Cualquiera que tiene un familiar con alzhéimer, lo que quieres es que no esté así. A veces te enfadas, les corriges, les dices la verdad… Pero la verdad no tiene remedio en esa situación, ni ayuda.



En este libro parece llevar esa idea hasta el final, porque el protagonista emprende una búsqueda de ese posible hermano. ¿Sintió al escribirlo que estaba entrando en el mundo paralelo que le proponía su madre?
Es que yo creo que ya vivo en ese mundo paralelo, porque me invento cosas todo el día para hacerle la vida mejor. Pero con esa frase, lo que hice fue utilizarla para viajar, porque luego la novela es una ficción. La parte emocional es biográfica, pero en la trama no hay nada biográfico. Quería que esa duda se mantuviera como una tensión a lo largo de toda la novela, porque tiene mucho de thriller emocional. La enfermedad y la propia historia mantienen al lector con ese interrogante: ¿se lo está inventando o es verdad? ¿Qué está pasando aquí?

El libro es un reconocimiento a las madres, pero también visibiliza el papel de las personas cuidadoras. ¿Era parte del objetivo?
Sí, porque es algo que sucede y ha sucedido durante décadas en España de una manera invisible, sin épica, sin aplausos y sin ayuda. En todas las casas se ha cuidado a una madre, a un abuelo, a un tío, con más o menos espacio, con más o menos dinero. Forma parte del ADN de este país y siempre han sido las mujeres las que lo han hecho. Pero también es un reconocimiento a todas las madres, partiendo de la mía. A esa generación de gente abnegada, entregada, que ha trabajado, que ha soñado poquito, porque no se le ha permitido ni soñar ni elegir profesiones, ni siquiera parejas, y que tienen dolores atrapados en el cuerpo, como el de la protagonista. Silencios escondidos que a veces arrastra el alzhéimer o silencios voluntarios escondidos porque no te apetece ni recordar.

¿Diría que el cuidado de los padres o de las madres es un deber o una elección?
Es un deber moral y una elección. Y en mi caso, creo que es un privilegio poder hacerlo.

En caso de que hubiera tenido hijos, ¿le hubiera gustado que el día de mañana tuvieran que cuidarlo? ¿Que pasaran por lo que está pasando usted ahora?
La verdad es que es durísimo, y la decisión de cómo quieren gestionar el cariño y el cuidado les correspondería a ellos. Pero como no he tenido hijos ni hermanos, no sé situarme en esa hipótesis. Yo sé que estaré sentadito con algún amigo en alguna residencia, y espero estar a gusto y que la cabeza me mantenga las capacidades para poder estar leyendo, hablando, viendo la tele y saliendo a tomarme un café con las amistades. Sé que esa será la ruta, como la de muchos. Lo que pasa es que se inauguran pocas residencias, hay muy poquitas y el cuidado es una cosa invisible en un país que envejece, así que no sabes qué es lo que pasará.



Ha comentado que esta es la novela que le ha puesto más nervioso presentar. ¿Cómo se siente ahora que está en manos del público y que ha visto la acogida?
Mi novela más personal fue Adiós pequeño, porque no tiene ficción, pero esta creo que es la más honesta, porque utilizo algo real para retratarlo tal y como es, como un espejo. Y me siento muy bien porque he visto que el lector se siente menos solo. La novela no es dolorosa. La novela es amable, es abrazo y es refugio para las personas que también están viviendo esto, y así me lo están transmitiendo en las firmas.

Su cambio de vida ha sido radical en los últimos años. ¿Qué echa de menos y a qué celebra haber renunciado?
Pues es que de hecho Madrid fue para mí un paréntesis. Yo estuve en el pueblo viviendo y trabajando y de pronto me fui a Madrid. He estado allí más de 20 años y he vuelto ahora, y no he vuelto a aquel momento porque somos distintos. Es otra trayectoria, otra edad y otro espíritu, pero estoy a gusto en este nuevo volver. Creo que estoy haciendo lo que debo hacer, y eso me deja muy tranquilo.

¿Se reconoce en todas las vidas que ha vivido o hay etapas que siente como ajenas?
Hay etapas que se me quedan muy lejos, sí, pero que forman parte del recorrido. En los puzzles hay piezas que son más feas, más difíciles de encajar, pero significan parte de todo el mapa.

¿Por ejemplo?
Algún episodio televisivo en el que estabas incómodo.

¿Y su breve etapa como ministro, le molesta que siga apareciendo en cualquier perfil suyo?
No, al contrario, es un orgullo. Es una responsabilidad que adquieres y con la misma responsabilidad la dejas. No formaba parte de mi recorrido. Hubo un tiempo en el que me molestó, que me escocía. Obviamente traía dolor, traía mentiras, traía engaño, traía exageraciones. Pero pasado el tiempo, el suelo es firme. No te resbalas.

Su último libro también le ha servido de metáfora para hablar del alzhéimer que cree que sufre el mundo actual. ¿Cuáles son las cosas más preocupantes en las que diría que se manifiesta esta desmemoria?
La principal es la inmigración. España ha sido un país que ha exportado mucha emigración, hemos sido exportadores de migrantes, y ese será el gran tema de los próximos años.



¿Y el ambiente bélico a nivel mundial?
Quizá me he hecho mayor, pero el ambiente bélico me deja frío. Cada cierto tiempo hay alguna guerra, así que tengo la sensación de que es para mantener la industria de las armas. ¿Cuántas llevamos? Solo nos afectan cuando las tenemos muy cerca, pero ¿cuántas hay en el mundo que no nos alarman porque están lejos o porque a lo mejor son negros? El ser humano es muy egoísta. Todo es cuestión del petróleo y de las armas.

Uno de sus sueños era abrir su propia librería. Ahora que lo ha hecho realidad, ¿tiene ese sueño la magia que esperaba?
Tiene más magia de la que esperaba, es mucho mejor. Es posiblemente el trabajo que más satisfacciones me ha dado y más estímulos diarios. Ha superado todas las expectativas.

¿Qué ocurre dentro de una librería que la hace tan especial?
Pues que se ve la variedad del ser humano, los gustos, los caracteres, las inquietudes, las necesidades que tenemos. Se ve el entretenimiento, la búsqueda, se ven las personalidades, se ve cómo somos. Entrar a una librería es un mapa de emociones. Si escuchas, ves lo diferentes y lo parecidos que somos todos y que un libro te une. Regalar un libro es algo que no sucede con ningún regalo. Regalar un libro es regalar algo que te ha gustado, con lo cual tiene algo de ti, del que lo regala. Es el regalo más especial y a mí estar en un sitio que ofrece esa posibilidad me gusta mucho, lo paso muy bien.



Fotografías: Javier Ocaña

¿Pasa mucho tiempo allí?
Sí, paso mucho tiempo, sobre todo porque en un pueblo la vida es mucho más larga. Ahora estoy corrigiendo y escribiendo en casa y me levanto muy pronto: a las 7 de la mañana, cuando dice la perra. Hasta las 2 que le pongo la comida a mi madre el día es muy largo, y se puede aprovechar el tiempo mucho más que en Madrid. En Madrid una hora y media es haber ido del centro a Chamartín, y como vas con prisas, pues aún hay más ansiedad.



Si su vida fuera una novela, ¿en qué página diría que está? ¿Vamos a ver a muchos más cambios en el protagonista?
Sin lugar a dudas. Tengo un amigo, Germán, que siempre me dice: “Nunca sé con qué capítulo vas a sorprender. Siempre estoy esperando qué pasará”. Así que cuando me pregunta qué ocurrirá en la siguiente temporada, le digo: “No lo sé, Germán, nos quedan muchas”. Espero que me queden muchos capítulos.

Revista Mensual de Ocio y Cultura de Lanzarote – Mayo – 174

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